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Julio 26, 2026 -17th Domingo del Tiempo Ordinario

Queiridos Hermanos y Hermanas,

Este domingo la Iglesia nos invita a reflexionar sobre una de las oraciones más hermosas de la Biblia y uno de los mayores dones que Dios nos ofrece: la sabiduría. En la primera lectura, el joven rey Salomón se presenta ante Dios con la oportunidad de pedir cualquier cosa. En lugar de pedir riquezas, poder o una larga vida, Salomón pide “un corazón que sepa escuchar y entender” para poder gobernar sabiamente al pueblo de Dios. Porque buscó la sabiduría por encima de todo, Dios lo bendijo abundantemente.

En el Evangelio, Jesús continúa su enseñanza sobre el Reino de los Cielos mediante una serie de breves parábolas. Compara el Reino con un tesoro escondido en un campo y con una perla de gran valor. En ambos relatos, quienes descubren el tesoro venden con alegría todo lo que poseen para poder adquirirlo. Sus acciones nos recuerdan que nada en este mundo se puede comparar con el valor de una vida vivida con Cristo. La fe no es simplemente una prioridad entre muchas; es el mayor tesoro que jamás podremos poseer.

Sin embargo, estas parábolas también nos desafían a examinar nuestras propias prioridades. ¿Qué es lo que más valoramos? El éxito, la comodidad, las posesiones o el reconocimiento pueden apoderarse fácilmente de nuestro corazón. Jesús nos recuerda que todas las cosas terrenas son pasajeras, mientras que el Reino de Dios es eterno. Cuando ponemos a Cristo en el primer lugar, descubrimos una alegría y una paz que ningún logro humano puede ofrecer. Como dice san Pablo: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman».

Este fin de semana tiene un significado muy especial para nuestra parroquia, ya que celebramos la fiesta de Santa Ana, nuestra querida patrona. Según la tradición cristiana, los santos Ana y Joaquín educaron fielmente a la Santísima Virgen María en el amor de Dios, preparándola para su vocación única como Madre del Salvador. Aunque las Sagradas Escrituras nos dicen muy poco sobre Santa Ana, su ejemplo nos recuerda la sagrada vocación de los padres y abuelos, cuyo amor, fe y testimonio ayudan a formar a las futuras generaciones.

Al honrar a Santa Ana, pidamos su intercesión para que nuestras familias crezcan cada día más en la fe, la esperanza y el amor. Que los padres y los abuelos nunca subestimen el poderoso testimonio que ofrecen cuando enseñan a los niños a orar, los llevan a la Santa Misa y viven una vida arraigada en el Evangelio. En un mundo que presenta tantos valores y prioridades en competencia, Santa Ana nos anima a transmitir el mayor tesoro de todos: el don de la fe en Jesucristo.

Que nuestra fiesta patronal renueve nuestro compromiso de vivir como discípulos fieles y fortalezca los lazos que nos unen como familia parroquial. Por la intercesión de Santa Ana, que Dios conceda a cada uno de nosotros la sabiduría de Salomón para reconocer a Cristo como nuestro mayor tesoro y la valentía para ponerlo siempre en el primer lugar. Que Santa Ana continúe velando por nuestra parroquia y por todas nuestras familias con su amorosa protección.

Que Dios Los bendiga siempre!!!

P. Stan