March 22, Quinto Domingo de Cuaresma
Queridos hermanos y hermanas:
Al acercarnos a los últimos días de la Cuaresma, las lecturas del Quinto Domingo nos conducen a uno de los momentos más poderosos del Evangelio: la resurrección de Lázaro (Juan 11,1–45). Esta notable historia revela no solo el poder de Jesús sobre la muerte, sino también la profundidad de su compasión y la promesa de una vida nueva para todos los que creen en Él. Cuando Jesús llega a Betania, Lázaro ya llevaba cuatro días en el sepulcro. Marta y María están de luto, y muchos otros han venido a consolarlas. En medio de este dolor, Marta expresa tanto fe como esperanza cuando le dice a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Jesús responde con una de las declaraciones más profundas del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá.”
Antes de realizar el milagro, Jesús llora. Estas simples palabras—“Jesús lloró”—revelan el corazón de nuestro Salvador. Él no está distante del sufrimiento humano; entra en él. Comparte el dolor de la pérdida y permanece al lado de quienes lloran. Al mismo tiempo, muestra que la muerte no tiene la última palabra. De pie frente al sepulcro, Jesús clama: “¡Lázaro, sal fuera!” Y el hombre que había estado muerto sale vivo. Este milagro es una señal que apunta hacia la victoria aún mayor que pronto llegará por medio de la propia muerte y resurrección de Cristo.
Sin embargo, este Evangelio no trata solamente de Lázaro. También habla de nuestras propias vidas. A veces experimentamos formas de muerte espiritual—momentos en los que el desánimo, el pecado o la desesperación nos dejan atrapados en la oscuridad. Como Lázaro en el sepulcro, podemos sentirnos atados por aquello que nos detiene. Pero la voz de Cristo todavía nos llama. Nos llama a salir de aquello que nos ata y nos invita a una vida nueva. Por su misericordia, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, el Señor nos libera y nos restaura. Como reflexionó San Agustín sobre este Evangelio: “¡Lázaro, ven afuera! El Señor llamó al hombre muerto, y el que había perdido la vida volvió a la vida.”
Al entrar en la etapa final de la Cuaresma y prepararnos para la Semana Santa, este Evangelio nos invita a renovar nuestra fe en Cristo, quien verdaderamente es la resurrección y la vida. Él nos llama a cada uno por nuestro nombre, así como llamó a Lázaro, y nos invita a salir de la oscuridad hacia su luz. Como enseña San Gregorio Magno: “La voz del Señor clamó a los muertos, y aquel que estaba atado en la oscuridad del sepulcro salió a la luz.” Escuchemos su voz, confiemos en su promesa y caminemos hacia adelante en la vida nueva que Él nos ofrece.
¡Que Dios bendiga siempre a todos!
P. Stan














